Por Nicolas Zevallos Trigoso
Cuando una organización social encuentra una solución que funciona, la tentación es empaquetarla en un oficio, llevarla a la oficina más alta posible y esperar que la firma de un viceministro la convierta en política. Sin embargo, la experiencia muestra que la evidencia, por sólida que sea, no necesariamente genera cambios si no llega a las personas adecuadas ni está acompañada por relaciones de confianza.
En una conversación reciente, la directora ejecutiva de TANI (Asociación Taller de los Niños), Sara Cifuentes, describió el resultado de ese modelo con precisión: convenios firmados con entusiasmo en las zonas altas del Ministerio que, año tras año, no se traducen en implementación, porque quien firma no es quien necesita el cambio en su día a día.
El diagnóstico habitual sobre la política de infancia suele centrarse en la falta de evidencia o de voluntad política. La experiencia de TANI —48 años trabajando en primera infancia en contextos de vulnerabilidad, con cerca de 25.000 a 30.000 familias atendidas al año solo en su sede de San Juan de Lurigancho— sugiere algo distinto: la evidencia bien construida se pierde cuando se dirige al actor equivocado. Un director o viceministro puede aprobar una propuesta sin apremio de implementarla, porque veinte urgencias más lo esperan en el escritorio. El médico, la enfermera o el maestro que atiende directamente a las familias sí tiene el incentivo: ese cambio le resuelve un problema hoy.
TANI afinó su estrategia sobre esa base. En vez de dirigir sus hallazgos a la dirección de un hospital, los llevó al personal de salud que atiende diariamente a las familias, bajo la premisa de que ahí, y no siempre en el despacho del director, está quien decide si una práctica se sostiene o se abandona. El mismo principio se repite en el terreno educativo. Un maestro que encuentra una manera de lograr que sus alumnos comprendan mejor lo que leen adquiere una autoridad basada en la experiencia y en los resultados que ningún cargo, por sí solo, puede otorgar. La transformación empieza entonces no necesariamente por quien tiene mayor jerarquía, sino por quien encuentra valor concreto en hacer las cosas de otra manera.
Ese cambio de estrategia exige también un ajuste hacia adentro. Cuando una puerta no se abre, la lectura fácil es que el otro lado “no la ve”. Sara Cifuentes fue más allá: habló de gestionar el ego de quien dirige, para que una negativa se lea como una señal de que hace falta otro camino, y no como una confirmación de que el problema está siempre del otro lado. Sin ese ajuste, ninguna metodología de relacionamiento sostiene nada.
Esto necesita que dejemos de tratar la construcción de confianza como un talento personal de quien la tiene, y que empecemos a tratarla como una metodología. TANI institucionalizó su propio modelo en lo que llama el Lab TANI, que partió de una hipótesis de terreno: si se espera que los profesionales de salud cuiden adecuadamente a las familias, también necesitan herramientas para cuidar su propia salud mental y para construir relaciones más humanas con quienes atienden. Esta hipótesis se validó en un espacio piloto y luego se convirtió en un concepto replicable en otros territorios. La intuición no desaparece del proceso; se convierte en el primer paso de un método que después se prueba, se valida y se escala.
Ese método necesita apoyarse en la misma evidencia que sostiene por qué la primera infancia no puede tratarse como un compartimento más del organigrama estatal. Buena parte del desarrollo cerebral de un niño ocurre en sus primeros cinco años de vida, sea o no visible en forma de lectura, escritura o cálculo, lo que vuelve costoso cualquier año que la política pierda coordinando entre sectores en lugar de interviniendo. Rechazar la incidencia por oficio no es rechazar la evidencia: es reconocer que el dato sin relación de confianza termina archivado, y que la relación de confianza sin dato es solo buena voluntad.
La pregunta que le queda pendiente al sector público no es si tiene la evidencia —la tiene, y organizaciones como TANI la producen todos los días en el terreno—. La pregunta es si está dispuesto a rediseñar a quién se la entrega.
Este artículo se deriva de la conversación de «¿Cuál es el Nexo?» con Sara Cifuentes. Mira el episodio completo aquí.


Deja un comentario