Ilustración de cintas con notas musicales que entrelazan salud, nutrición, aprendizaje y juego, como una sinfonía de acciones para la primera infancia.

La sinfonía de acciones para la primera infancia

Por Sara Cifuentes, directora ejecutiva de TANI (Asociación Taller de los Niños).

En TANI llevamos 48 años trabajando por la primera infancia en Perú, y hay una idea que se repite con cada familia que llega a nuestra sede en San Juan de Lurigancho, donde atendemos entre 25.000 y 30.000 familias al año: ningún niño vive su salud, su educación o sus derechos por separado. Los vive todos al mismo tiempo. Parece evidente, pero buena parte de nuestras respuestas todavía funcionan de otra manera. Organizamos la realidad en sectores, programas y competencias institucionales mientras la vida de una familia ocurre toda junta.

Por eso, cuando hablamos de primera infancia, preferimos hablar de una sinfonía de acciones antes que de programas sueltos: salud, educación, nutrición, salud mental, desarrollo comunitario y seguridad alimentaria conviviendo en el mismo espacio, para la misma familia, en el momento en que lo necesita.

Esa sinfonía responde a algo que la evidencia sobre desarrollo infantil viene mostrando desde hace años: cerca del 80% del cerebro de un niño se desarrolla en sus primeros cinco años de vida. Es una etapa que rara vez se percibe como productiva —no hay lectura, ni escritura, ni resultados que se puedan medir en un examen— y por eso suele recibir menos prioridad institucional que la etapa escolar. Pero es exactamente ese el motivo por el que necesitamos intervenir ahí, con todos los frentes a la vez, en lugar de esperar a que el niño llegue a la edad escolar para actuar. Ese mito, además, no distingue nivel socioeconómico: lo vemos repetirse tanto en familias con pocos recursos como en las que tienen acceso a más opciones educativas, y en ambos casos empuja a llenar de estímulos “productivos” una etapa que necesita, sobre todo, tiempo y vínculo sostenido.

El reto no es solo temático, es también de vínculo. En los servicios de salud pública que reciben a los recién nacidos, la atención suele estar tan protocolizada —cuántas veces se debe ir al médico, quién atiende, qué se entrega— que a la familia le queda poco espacio para participar de las decisiones sobre su propio bienestar. Cuando les preguntamos a las familias que llegan a TANI por qué vuelven, no nos dicen que fue por el tratamiento: nos dicen que fue porque ahí aprenden. Ese matiz, de tratar a atender y de atender a acompañar, es el que buscamos sostener en cada frente de la sinfonía.

Sostenerlo en el tiempo, y no solo puertas adentro, es lo que nos llevó a construir el Lab TANI. Partió de una intuición sencilla: los profesionales de salud que atienden a nuestras familias necesitan primero herramientas para cuidar su propio bienestar, si esperamos que puedan cuidar bien a otros. Validamos esa intuición en un solo espacio, la convertimos en un concepto concreto, y hoy la replicamos en otros territorios donde trabajamos, como Cusco, Trujillo, Huancayo, Arequipa e Ica.

No nos vemos como un reemplazo del Estado, ni como quien solo lo audita desde afuera. Nuestro papel es estar lo bastante cerca de las familias para identificar lo que no está funcionando, probar una solución en un espacio acotado, aprender de lo que devuelve el terreno, y solo entonces construir el puente para que un actor con más capacidad de escala —empezando por el sector público— pueda adoptarla. Esa misma lógica define cómo nos relacionamos con él: sentándonos con quien atiende directamente a la familia —el médico, la enfermera, el maestro— y no solo con quien firma un convenio, porque es ahí donde una intervención se sostiene o se abandona.

Si algo hemos aprendido en casi cinco décadas es que ninguna de estas acciones funciona sola. La salud sin la educación, la nutrición sin el acompañamiento a la familia, el dato sin la relación de confianza: cada una, por separado, es una nota suelta. La primera infancia necesita la sinfonía completa, y necesita que sigamos aprendiendo, entre todos, a tocarla juntos.

Este artículo se deriva de la conversación de «¿Cuál es el Nexo?» con Sara Cifuentes. Mira el episodio completo aquí.


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