Por Alonso Flores, experto en Gestión pública y seguridad de Nexo Impacto Público.
Los alcaldes que asumen el 1 de enero heredan un presupuesto que no diseñaron. El primer año se gestiona con la programación de la gestión anterior, y buena parte de lo prometido en campaña (cámaras con inteligencia artificial, flotas nuevas, centrales de monitoreo) recién podrá presupuestarse para 2028. Eso no condena el primer año a la espera. En seguridad ciudadana el cuello de botella rara vez es solo el dinero.
El primer error es tratar la inseguridad como un solo problema. La percepción de inseguridad, la victimización y los homicidios son fenómenos distintos, y la extorsión tiene por sí sola modalidades que no se parecen entre sí: el cobro de cupos, el préstamo gota a gota, la extorsión en obras de construcción o la que opera por vía virtual. Cada una pide una medicina distinta.
Por eso el diagnóstico tiene que interrogar el problema antes de comprar la solución. Si en un barrio falta presencia policial en los puntos calientes, la respuesta visible es comprar patrulleros. Pero al preguntar por qué, es frecuente encontrar que los patrulleros existentes no están donde deben estar. ¿Por qué? Porque no se usa adecuadamente el Sistema de planificación y control del patrullaje municipal (SIPCOP-M). ¿Por qué? Porque nadie lo monitorea. Más patrulleros chocarían contra el mismo cuello de botella. Indicadores, metas y rutinas de seguimiento lo destraban.
El segundo error está en cómo se compra. En seguridad no se compran equipos, se compran paquetes de servicio: una moto necesita tres serenos para cubrir tres turnos, y uno más de reemplazo; una cámara sin operador ni vehículo que acuda no sirve; un vehículo sin mantenimiento tampoco. Cuando se financia el bien y no la operación, el equipamiento termina en el depósito. Tampoco es solo un problema de falta de fondos: a octubre de 2024, los gobiernos locales no habían ejecutado el 37 % de los S/ 1,956 millones asignados al programa presupuestal de reducción de delitos, según El Comercio.
Mientras tanto, hay decisiones que no requieren presupuesto adicional. La primera es distribuir el serenazgo según el fenómeno y no según un horario de oficina, porque una zona roja no está roja todo el día: está roja entre las ocho y las ocho y media de la noche, en tres cuadras. La segunda es sostener en cada punto caliente el tiempo de permanencia que sugiere la evidencia, en lugar de pasar rápido (o muy lento). La tercera es construir con la Policía, el serenazgo y las juntas vecinales un único mapa del delito. Y la cuarta es cumplir las metas del Programa de Incentivos con patrullaje real, no ubicando el punto caliente en la puerta de la municipalidad.
Diagnosticar, priorizar, articular y medir resultados, no actividades: un plan de acción que solo lista tareas cumplidas da la falsa sensación de avance. ¿Cuántos alcaldes electos llegarán el 1 de enero sabiendo cuántos serenos necesitan para operar lo que prometieron comprar?
Este artículo se deriva de la conversación de «¿Cuál es el Nexo?» con Alonso Flores. Mira el episodio completo aquí.


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