Por Eliana Carlin, cofundadora de Heroínas Peruanas.
Hoy la educación sexual integral (ESI) no figura entre las prioridades de quienes deciden en el sector público, y nos toca cambiar eso. Sin embargo, insistir en la discusión tal como está planteada no nos va a llevar lejos; hay que cambiar el lugar desde el que hablamos para encontrar una zona de acuerdos.
Cuando el tema se plantea en términos ideológicos, cada postura se atrinchera, y en este tema en particular no logramos sumar. Entre posturas tan opuestas se aprende poco, y definir el problema de otra forma cambia quiénes se interesan en resolverlo. Mi propuesta es definirlo como lo que es: la vida y la seguridad de la niñez. La magnitud del desafío y la gravedad del problema requieren que todas las posiciones bajen sus banderas para buscar un mínimo con el que nadie puede estar en desacuerdo: la niñez en el Perú sufre de violencia sexual y debemos cambiar esa realidad.
En la práctica, buscar la seguridad de la niñez, significa que niñas y niños sepan qué partes de su cuerpo nadie debe tocar, reconozcan cuándo alguien se les acerca de manera inapropiada y sepan a quién pedir ayuda, en el hogar o en la escuela. También significa que los adultos estén preparados para escucharlos y creerles. Si el adulto no responde, la herramienta no sirve.
A quienes toman decisiones les diría que empiecen por poner el tema sobre la mesa con el problema real en el centro. No importa si una autoridad es de izquierda o de derecha: la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes no depende de ninguna ideología. Sobre eso sí podemos ponernos de acuerdo, y de ahí se parte.
Después hay que escuchar a las comunidades, que son muchas y muy diversas. Muchas familias tienen reservas comprensibles y como autoridades o miembros de la sociedad civil, mal hacemos en abordar esas reservas con una visión poco empática de superioridad moral. Ayuda explicarles que la ESI está pensada para cada etapa del desarrollo y que a una niña pequeña se le habla de límites, de consentimiento y de las personas en quienes puede confiar, no de contenidos de otra edad. Lo que funciona en una comunidad, además, no se copia y se pega en otra: cada intervención tiene que tomar en cuenta la cultura local.
Especialmente en esta época, hace falta que se sumen actores fuera del Estado. Pienso en la sociedad civil y en las organizaciones que trabajan en educación, pero igualmente en las empresas con estrategias de sostenibilidad y responsabilidad social que operan en comunidades donde ocurren estas situaciones. Sin un entorno seguro no hay inversión ni crecimiento económico, así que a ellas también les favorece participar.
Hay además una oportunidad en el calendario. Las elecciones regionales y municipales del 4 de octubre traen autoridades que se instalan en enero y que pueden armar, desde el inicio de su gestión, la red de aliados que este tema necesita: docentes, familias, tomadores de decisiones y sistema de justicia, todos con el mismo punto de partida.
Hablar desde la seguridad no significa renunciar a la ESI ni a lo que técnicamente es correcto. Es el enfoque que hoy puede generar más consenso, porque permite que un niño pida ayuda a tiempo. La ESI no lo resuelve todo de un día para otro; por eso conviene empezar ya, con quienes están dispuestos a escuchar.
¿Qué autoridad de las que llegan en enero va a ser la primera en sentar a todos alrededor de lo que ya compartimos?
Este artículo se deriva de la conversación de «¿Cuál es el Nexo?» con Eliana Carlin. Mira el episodio completo aquí.


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