Por Nicolas Zevallos Trigoso, fundador de Nexo Impacto Público.
En la gestión pública se suele asumir que una buena política se defiende sola: si el diagnóstico es sólido y el diseño técnico es impecable, la comunicación se reduce a difundir lo decidido. La conversación con Jose Alejandro Godoy en «¿Cuál es el Nexo?» desarma esa premisa. La viabilidad técnica y la viabilidad política son dimensiones distintas de una misma decisión, y lo que las conecta no es la nota de prensa que se redacta al final, sino la comunicación incorporada desde el diseño.
Dos consultas ciudadanas lo muestran desde extremos opuestos. El 30 de octubre de 2005, el país votó la integración de quince departamentos en cinco regiones. La propuesta respondía a un consenso técnico extendido —fusionar temprano, antes de que las nuevas burocracias regionales consolidaran sus intereses— y, aun así, fue rechazada en las cinco propuestas: en la región Nor Centro Oriental el No superó el 80%, y Arequipa fue el único departamento que votó a favor, lo que no bastó porque la ley exigía mayoría en cada uno de los departamentos integrantes. Faltó campaña, faltó lectura del momento político y faltó una narrativa que explicara qué ganaba cada territorio. La reforma era correcta; nadie la hizo comprensible.
Trece años después ocurrió lo inverso. En el referéndum de diciembre de 2018, impulsado por el Ejecutivo, más del 85% de los votos válidos respaldó la prohibición de la reelección inmediata de congresistas. La campaña fue eficaz: un mensaje simple, alineado con el malestar ciudadano frente al Congreso. Pero la ciencia política había advertido el costo. El estudio de John Carey sobre los límites a la reelección legislativa (Term Limits and Legislative Representation, Cambridge University Press, 1996) mostró que impedir la continuidad reduce la experiencia acumulada en el Legislativo y debilita el vínculo entre el representante y su electorado, porque el legislador deja de responder ante votantes que podrían volver a juzgarlo. Godoy lo sintetiza para el caso peruano: la medida retiró un incentivo para construir carreras parlamentarias y precarizó la oferta política. En marzo de 2024, el propio Congreso restituyó la reelección al aprobar el retorno a la bicameralidad: una decisión que se ganó con comunicación terminó revertida por falta de sustento.
Los dos casos describen el mismo mecanismo. Saber comunicar una medida inadecuada y no saber comunicar una medida adecuada producen el mismo resultado: reformas que no se sostienen. El problema no es de destreza comunicacional, sino de diseño del proceso de política pública: los equipos de comunicación entran cuando la política ya está cerrada, para «socializarla», y no cuando todavía se puede detectar qué componente abre flancos, qué actor la va a disputar o qué territorio la va a leer como una imposición.
Incorporar la comunicación desde el primer día no significa subordinar la técnica a la popularidad. Significa someter cada propuesta a dos pruebas a la vez: si resuelve el problema y si puede sobrevivir a la deliberación pública. Una política que solo pasa la primera se cae en las urnas o en el Congreso; una que solo pasa la segunda se aprueba y luego se paga. En seguridad el patrón es conocido: la imagen de mano dura comunica ejecución, pero cuando los indicadores no mejoran, el mensaje se vuelve contra quien lo emitió.
Esa es la discusión que en Nexo Impacto Público buscamos abrir con expertos en gestión e impacto público: conectar el conocimiento técnico con las condiciones políticas que permiten aplicarlo. La pregunta para quien diseña una política hoy es concreta: ¿en qué reunión entra su equipo de comunicaciones, en la que define el problema o en la que anuncia la solución?
Este artículo se deriva de la conversación de «¿Cuál es el Nexo?» con Jose Alejandro Godoy. Mira el episodio completo aquí.


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